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Mamen, a la izquierda, junto a la saharaui Fatimetu, en uno de sus viajes cedida
«En el Sáhara encontré hermanos que me esperaban con los brazos abiertos»

«En el Sáhara encontré hermanos que me esperaban con los brazos abiertos»

La ilipense ha viajado como voluntaria dos veranos a Sri Lanka y nueve o diez veces a los campamentos de refugiados saharauis

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Martes, 26 de enero 2021, 11:26

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Carmen Fernández-Blanco, más conocida como Mamen en la localidad, regenta una farmacia en Zalamea de la Serena. Además de su trabajo, dedica parte de su tiempo a ayudar a quienes más lo necesitan. Forma parte de asociaciones de favor de niños sahariaus y ha realizado algunos viajes como voluntaria al Sáhara Occidental.

–¿Forma parte de alguna asociación a favor de niños saharauis o similar?

–Sí, formo parte de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de Elche. Ayudo, económica y puntualmente de forma presencial, al proyecto Bubisher creado por los 'escritores por el Sáhara', y que llevan: la junta directiva, un montón de voluntarios y, sobre todo hoy en día, los propios saharahuis. He participado en manifestaciones en el 'muro de la vergüenza', que separa los territorios ocupados por Marruecos, con la denominada 'columna de los mil', en Rabuni (centro neurálgico en la administración de los Campamentos radio, protocolo...), en la huelga de hambre de Aminetu Haidar y en otras muchas en España, bien por la libertad del pueblo saharaui (anual) como en otras puntuales para la defensa de presos políticos de Gdeim Iziq, de Derechos Humanos ,de torturas... También participé en el proyecto 4×4 solidario llevando, junto a compañeros, de Oran a Tinduf, una ambulancia cargada de aparatos de diagnóstico, a la media luna roja.

–¿Qué le motivó a unirse a ellas?

–Concretamente con el Sáhara era una cuestión pendiente; yo viví la no descolonización, la famosa y cobarde 'marcha verde', la invasión y la cruenta masacre, el éxodo. Tuve un compañero de universidad que se volvió a su tierra, el Sáhara Occidental, con el Frente Polisario, cuando se anunció la marcha verde. Y, aunque la vida te lleva por otros derroteros y muchas veces te puede la inercia de tu día a día, tenía la necesidad de saber, de ver; y a los 50 años ya tenía tiempo y cobertura necesaria para moverme.

–¿Cuál es la labor y la misión de estas asociaciones?

–Todas las asociaciones a lo largo del territorio nacional tienen la misión de Ayuda material (ropa, alimentos, medicinas), de visibilización y, en la medida de su implicación, de activismo. Están, además, el proyecto 'vacaciones en paz', el de hacerse cargo hasta su recuperación –con permiso y beneplácito de sus padres- de los niños que vienen con algún problema de salud, y el de acoger, siempre hablamos del consentimiento, a aquellos que quieren estudiar. Por supuesto ayuda en emergencias. Quiero hacer hincapié en que no solo es un tema humanitario. Es un tema político. El Bubisher lleva, desde el 2009, construyendo bibliotecas en todas las Wilayas. Se empezó con un Bibliobus... es un bonito proyecto que merece la pena conocer y en el que participar. Os animo desde aquí.

–Usted ha viajado a diferentes países para prestar su ayuda. ¿Por qué decide viajar la primera vez y qué le hace repetir?

–Creo que todos llevamos un voluntario. Creo firmemente que la inmensa mayoría lo somos, desde el que ayuda al vecino hasta el que se va a operar a África. El pueblo, la gente en general, es el primero que actúa en las catástrofes. En mi caso me habían propuesto viajar a Arequipa como farmacéutica (especialmente como analista y para desarrollar temas de nutrición), no pude ir porque eran seis meses...no podía dejar de trabajar, pero ya no paré de buscar y, tras el tsunami, viajé dos veranos consecutivos, y con unos excelentes compañeros, a Sri Lanka.

–¿Podría contarnos su experiencia en estos viajes? ¿Cuántos años ha participado?

–Como he dicho, a Sri Lanka dos veranos. A los campamentos de refugiados saharauis habré bajado 9 o 10 veces. En ambos casos la experiencia ha sido dura y maravillosa. Agridulce. En el Sáhara, tras el susto inicial de aquel pedregal, encontré hermanos que me esperaban con los brazos abiertos, creo que con eso lo digo todo. Alfombras y mantas multicolores que te preparaban amorosamente. Niños que te despiertan a besos, amigos, coches que hay que empujar, placas solares para cargar batería, poca agua, muchas risas. Su enorme hospitalidad, su cercanía, sus tés y bailes -ahora en esta haima, ahora en la otra- la henna, los obsequios ... Se desviven. Su cariño y su complicidad te atrapan para siempre. Los paseos en los que una no llega a entender cómo pueden orientarse. Incluso la hammada ( lo más inhóspito del desierto) te atrapa. El cielo, las estrellas. ¡La via láctea!

–¿Le gustaría poder viajar nuevamente?

–Por supuesto, volveré en cuanto pueda. Tengo allí una familia, muchos amigos y a 'mis niños'. ¡Ojalá sea ya a un Sáhara libre!

Además, usted acoge a niños durante ciertos meses en su casa. Háblenos sobre ello.

–He acogido un total de nueve niños, solo una de las veces a uno solo, normalmente son dos y tres. Los niños vienen casi tan ilusionados como se vuelven; dejan atrás los 50 grados, comen, pasan revisiones médicas, odontológicas, oftalmológicas, se bañan,.. Tenemos, gracias a la Asociación y las ayudas que recibe, un montón de actividades. Disfrutan y son pequeños embajadores de su pueblo, de su causa.

–¿Qué le aportan estas experiencias a nivel personal?

–Jajaaa, mucho cansancio a mi edad. No, en serio, no hay nada más gratificante que ver disfrutar a un niño. Y te aportan frescura y mucho-mucho cariño. He tenido mucha suerte.

–¿Considera necesario que se le dé más visibilidad a este tipo de acciones?

–Absbsolutamente. Pero más que a las acciones al porqué de ellas. Al trasfondo. Hay que seguir gritando las injusticias, peleando los Derechos Humanos y, en el caso que nos ocupa, más aun cuando los abandonamos a su suerte. Hay miles de saharauis que aún conservan el libro de familia y el DNI español. La misión especial de la ONU (MINURSO) tiene, o quiere tener, las manos atadas; no hay más que ver la guerra a la que se vuelven a enfrentar los saharaui -tras casi 30 años esperando el referendum prometido- porque, simple y llanamente, Marruecos se ha saltado el alto al fuego. ¿Alguien lo denuncia¿ ¿Alguien informa? ¿Cuántos lo saben? La MINURSO «no tiene competencias» aunque esté allí precisamente para guardar el alto al fuego. No sé, a veces te inunda la desesperanza ante tanta impotencia, tanta injusticia, tantas siglas vanas.

–Según su experiencia, ¿qué recomendaciones daría a una persona que quiera participar en estos programas de ayuda?

–Que conozca a fondo el problema. Que sepa lo que va a hacer, a donde va a ir y porqué. No es un viaje de placer, aunque lo sea gracias a ellos. Que recuerde que, los que vamos, tenemos billete de vuel, y que no olvide lo que ha visto, lo que ha vivido; que lo grite. Que no vaya como salvadora. Que escuche, empatice, aprenda, respete. Sus costumbres, sus creencias, sus vivencias, no son las nuestras. Y por último, para mí es importante, que sepa volver sin que la culpa lo inmovilizce y le haga perder la perspectiva de su propia vida.

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