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Francisco afilando una navaja en el taller
"Nos gustaría que las generaciones futuras siguieran con la tradición familiar"

"Nos gustaría que las generaciones futuras siguieran con la tradición familiar"

La cuchillería de Teodomiro es uno de los referentes artesanales de Zalamea. Francisco Martínez Calero, uno de los actuales propietarios de este negocio, relata cómo comenzó esta tradición familiar hace casi cien años convirtiéndose en uno de los símbolos de identidad del municipio ilipense

maría fortuna

Jueves, 26 de enero 2017, 13:32

Una tarde de un lejano 1923 el ilipense Teodomiro Martínez Manotas realizó a mano una hoz que posteriormente regaló a un amigo, sin saber por entonces, que este sería el inicio de un negocio que pronto cumplirá un siglo de vida. Para conocer la historia de uno de los oficios artesanales más antiguos de la localidad, Francisco Martínez Calero, nieto del fundador, y uno de los cuatro hermanos que en la actualidad regenta el taller ha abierto las puertas de la tradicional cuchillería ilipense a HOY Zalamea.

Cuando el resto de agricultores comprobaron la eficacia de la herramienta que mi abuelo realizó, la voz se extendió y muchos fueron los que le encargaron útiles de labranza, informa Francisco. La demanda fue tan elevada, que llevó a este joven y humilde ilipense a instalarse en un local situado en la calle Chameca, comenzando así su labor en esta industria.

Tras comprobar el éxito que estaba teniendo, el abuelo Teodomiro, como se refieren a él sus descendientes, comenzó a ampliar su gama de herramienta con hachas, cuchillos y hoces, entre otros. Para ello, cuenta que realizó múltiples pruebas, hasta llegar a la navaja, el producto estrella de esta historia. La fama por la calidad de sus productos se extendió tan rápido que en 1953 recibió el primer premio del jurado de la IV Exposición Provincial de Artesanía, selectiva de la Internacional, que se celebró del 4 al 11 de enero de 1953 en Badajoz.

Nuevas herramientas

En esa misma época, Teodomiro Martínez Dávila, padre de los cuatro hermanos responsables del negocio en la actualidad, con 14 años comienza a aprender el oficio. Debido al paso del tiempo, el campo se va modernizando lo que obliga a estos artesanos a introducir nuevas técnicas y herramientas en la fabricación de sus productos. Desde entonces, tres generaciones han continuado con la tradición familiar. Mis tres hermanos Teodomiro, Víctor, Juan y yo aprendimos con la misma edad que mi padre y, desde que él se jubiló hace quince años, somos los que estamos al frente de la cuchillería, narra.

El boca a boca ha sido su mejor medio de difusión. Tenemos clientes fieles del País Vasco, Andalucía y Castilla la Mancha, además de toda Extremadura. Relata, a su vez, que en los últimos cinco años han expandido su negocio al extranjero con pedidos desde Francia y Portugal. Desde que tenemos la página web y enviamos pedidos online, nuestro mercado de venta ha aumentado notablemente, apunta.

Variedad en los clientes

Respecto a la variedad en su catálogo, cuenta con una amplia gama de productos. Los clientes habituales que tenemos en la actualidad son las carnicerías, las ferreterías y los particulares para uso doméstico, relata. Nos encargan todavía algunas hachas para labores manuales en el campo, pero cada vez menos, porque han sustituidas por la motosierra.

En el caso de la navaja, el producto estrella del negocio, afirma que los usos más frecuentes por la zona son para cortar setas y vendimiar. Muchos son los tipos de navaja que realizan en el taller hoy en día. Está la navaja de punta, con cabritera, con filo recto que es la tradicional y la que más se vende aquí, también la que tiene el mango curvado denominada barriguda que se demandan más por la zona de Córdoba y la navaja taponera que es la de la punta cortada más propia de la zona de Barros, explica.

Las ferias han sido un punto de venta importante en el negocio, informa Martínez. Somos habituales de la feria de Zafra, de la de Villanueva del Fresno, de Feval y del Salón Ovino de Castuera, porque son puntos de venta relacionados con la agricultura y la ganadería, relata. Aún así, continúa que en la última década han suprimido destinos de poblaciones más pequeñas, aunque nos mantenemos presentes en la feria de Zalamea por la tradición que comenzó mi abuelo y el arraigo de nuestro pueblo, apostilla.

Respecto a las técnicas de elaboración, confiesa que continúan siendo las mismas. El temple y el afilado no han cambiado con el paso de los años, sigue siendo la fragua igual que siempre. Aún así aclara que cuentan con otros adelantos, antes una hoja se cortaba con una cizalla a mano, y ahora con una prensa se van sesgando las hojas de manera mecánica. Para el desgaste también tenemos una máquina que le quita el 95% del afilado, el 5% se lo quitamos nosotros a mano. En cuanto a los materiales, explica que lo más demandado es el cuchillo de acero carbono, el que se oxida, porque es más dúctil a la hora de afilarlo con respecto al de acero inoxidable.

Aumento de producción

Estos adelantos en la maquinaria han hecho que la producción aumente de forma notable. Antes se hacían 10 navajas al día y ahora podemos fabricar 200. El secreto del éxito de estas navajas se debe al temple y al afilado que se le da, porque son navajas de artesanía. Uno de los últimos pedidos que hemos atendido a través de la venta online han sido 15 navajas para el Ministerio de Agricultura y Medio ambiente, que regalarán en la próxima edición de Feval en Don Benito.

Asimismo, nos cuenta orgulloso que el negocio ha sido visitado a lo largo de estas dos últimas décadas por personas del ámbito político y cultural de la región, tanto en el propio taller como en las diferentes ferias extremeñas.

Por último, expone su deseo de conservar el negocio entre las generaciones venideras. Nos gustaría que el oficio no se perdiera y continuara siendo familiar. Esperamos que alguno de nuestros hijos de continuidad a la tradición de la cuchillería y cumplamos mucho más que un siglo.

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