Lole Gil Blázquez en su tienda de chucherias
Lole Gil Blázquez en su tienda de chucherias / M.F.

"Vienen a comprar niños cuyos padres comenzaron su noviazgo en mi tienda"

  • Desde 1993 esta ilipense surte de chucherías a los niños de Zalamea. Su tienda es parte del paisaje

Lleva más de dos décadas detrás de un mostrador del que se podría decir sin temor a equivocarse, ha visto crecer a todos los niños ilipenses. . Su nombre es Lole Gil Blázquez aunque de manera cariñosa es conocida en la localidad como Lole ‘la de las chucherías’ al regentar uno de los negocios más peculiares de Zalamea, cuyo tejido comercial y social es parte indisoluble.

Ella ha formado parte de la vida de cada uno de los jóvenes ilipenses durante los últimos 20 años. Sus pupilas han visto crecer a jóvenes que hoy ya son adultos y a niños que representan las generaciones actuales de Zalamea y serán el futuro del municipio.

La vida de Lole es una vida dedicada al público que le vino impuesta desde pequeña. “Me crié detrás de una barra porque mis padres eran dueños de uno de los bares locales y siempre he estado acostumbrada a trabajar de cara al público”. De igual manera comenta que los niños no eran su preferencia. “Decidí montar este negocio por la situación del local, puesto que al estar tan céntrico y al lado del parque un cliente potencial sería el infantil”.

Desde 1993

Un lejano 1993 abrió por primera vez las puertas de este negocio, el cual confiesa orgullosa siempre ha estado regentado por ella. “Mi marido ha trabajado como conductor de camiones por lo que estaba poco tiempo en casa y mis hijos nunca se han interesado por la tienda, lo que me ha llevado a estar al frente sola desde el principio”.

Un local que lejos de estancarse en el tiempo ha ido evolucionando según las necesidades de la sociedad. “Cuando comencé introduje máquinas de videojuegos porque en aquella era lo que triunfaba en los recreativos”. Confiesa que pasaban horas delante de esos grandes aparatos que ya se han perdido en la memoria de los jóvenes de entonces y que para los niños de hoy en día resultarían gigantescos aparatos casi pre-históricos. El famosos tetris, Mario Bros o la larga lista de videojuegos de lucha y coches ponían la banda sonora día tras día a este local. Por su parte, el billar y el futbolín que le acompaña desde el inicio continúan perennes pese al paso de los años.

La época de los videojuegos quedó atrás y llegó algo mucho más revolucionario; los famosos ‘ciberespacios’. Lole se adaptó a la demanda juvenil y decidió colocar varios ordenadores, de los que ya pocos quedan, en el local, hecho que atrajo a personas de una franja más amplia de edad. “Por aquel entonces pocas personas tenían ordenador en casa e Internet empezaba a usarse cada vez más, por ello decidí contactar con una empresa de Cáceres que me cedió varios aparatos y de esta manera me introduje por un tiempo en el negocio de la informática”.

De nuevo, una moda que pasó en el momento en que los pc de mesa y los ahora ya habituales portátiles empezaron a aparecer en los domicilios particulares. Tras retirar los ordenadores del local, decidió quedarse solo con el negocio de las chucherías, el cual conserva hasta la actualidad. La variedad en chucherías, gusanitos y comestibles de este tipo también ha evolucionado mucho. “Antiguamente había muy poca variedad de cada cosa, pipas, algunas bolsas de gusanitos y chicles. Pero hoy en día no pasa una semana sin que introduzcan novedades”.

La dedicación exclusiva y los horarios sin descanso han hecho que este pequeño negocio se haya mantenido intacto siendo en la actualidad el único de sus características que permanece abierto. “Abro todos los días del año sin horario de cierre establecido, incluyendo Nochevieja, año nuevo y cualquier fiesta nacional, lo único que me permito es la primera semana de septiembre que siempre me voy de vacaciones”, relata.

En cuanto a anécdotas relata que no ha sido fácil el hecho de tener que tratar a diario con adolescentes por la edad tan difícil en la que se encuentran. Su carácter riguroso y su manera de sobrellevarlos ha hecho que muchos de ellos la consideren y la respeten como una más de la familia.

La infancia no se hubiera entendido de la misma manera para estos niños y jóvenes sin este lugar de encuentro donde se daban cita en tardes interminables. El recuerdo de la inocencia que hoy sigue presente en las generaciones actuales cuando entran a comprar todo tipo de chucherías acompañados, en muchas ocasiones, por madres que en su momento pasaron su adolescencia allí. “En la actualidad vienen a comprar la segunda generación de niños, cuyas madres comenzaron su noviazgo en este mismo lugar hace más de una década.”

Respecto al futuro, confiesa que seguirá al frente del negocio hasta que pueda. “En ningún momento me he planteado cerrar, y pienso continuar todos los años que sean necesarios”. Un negocio lleno de vida sin el cual la infancia de los niños de Zalamea no hubiera sido la misma.

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