De un humilde vaquero a un reconocido hostelero

Francisco Javier León Trujillo, 'Quico', habiendo dedicado toda su vida a la ganadería, cambió las vacas por las hostelería llegando a ser uno de los profesionales más reconocidos del gremio.

'Quico' en su restaurante.
GENTE CERCANA

Hay bares y restaurantes en esta localidad en los que se puede disfrutar de todo tipo de maravillas, establecimientos de hostelería y restauración que ofrecen al público sus mejores servicios y que han alcanzado fama a lo largo de los años. Establecimientos de hostelería regentados por grandes profesionales del gremio, que han pasado años y años formándose en este oficio para ofrecer a sus clientes lo mejor.
Por eso montar un establecimiento hostelero sin tener ni idea del oficio en cuestión, sería algo complicado, y que se tenga éxito en el proyecto, más complicado aun. Sin embargo no ha sido el caso de Francisco Javier León Trujillo, 'Quico' para los amigos y para sus clientes.
Toda la vida se ha dedicado a la ganadería, prácticamente desde niño ayudaba a su padre en las tareas de cuidado y ordeño de las más de 40 vacas lecheras que tenían en la granja, y según se ha sinceraba con este medio, 'no sabía hacer otra cosa'.
'Un día las cosas se complicaron, las vacas ya no eran negocio, incluso se llegaron a dar subvenciones para quitarlas y mi hermano se buscó un trabajo, mi padre fue tirando con lo que pudo y yo no sabía qué hacer', afirmaba. Me metí de ayudante de camarero en el Hotel Trajano y más tarde en un pub de la localidad. 'El trato con la clientela, muy bien, pero la profesionalidad brillaba por su ausencia porque lo mío no era el bar, lo mío eran la vacas', indicó.
Pero Quico no desistió en su empeño, que no era otro que el de montar su propio negocio de hostelería, finalmente por circunstancias se quedó con el pub en el que trabajaba, pero sus aspiraciones no se quedaban ahí, intentó convertir la vaquería en un hotel de carretera, pero después de meses de gestión, la obra no le fue concedida por motivos legales. Hasta que compró el mejor local del pueblo, en pleno centro de Zalamea. Y fue aquí cuando lo tomaron por loco. 'Me entrampé hasta los ojos, pero no me faltó el apoyo de mi familia y amigos', indicaba.
Una vez terminada la faraónica obra, que él mismo diseñó, pasó de no tener ni idea de cocina a disponer de dos cocineras en su restaurante, un establecimiento equipado con la última tecnología y maquinaria. Innovando y poniéndose al día en todo lo relacionado con el sector. En temporada baja, en el restaurante 'Casa Julio', nombre que eligió en honor a su padre, trabajan un total de ocho personas entre cocineras y camareros, número de trabajadores que se duplica en la temporada de verano. Antes de abrir el negocio, se recorrió media provincia copiando los servicios de otros restaurantes. Servicios que actualmente él ofrece igual o mejor que los que visitó.
Un vaquero que quiso ser empresario de la hostelería y al final lo consiguió, actualmente el bar restaurante 'Casa Julio', es una referencia comarcal de este sector.